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Leucodistrofia Metacromática (LDM)

Acerca de la Leucodistrofia Metacromática (LDM)

La Leucodistrofia Metacromática (LDM) es la forma más común de las leucodistrofias, es una enfermedad genética rara que afecta principalmente la mielina del cerebro y, algunas veces, la del sistema nervioso periférico. La Mielina es la sustancia grasa que envuelve buena parte de las prolongaciones neuronales y favorece la conducción de los impulsos nerviosos.

La LDM se hereda de forma autosómica recesiva y es el resultado de la incapacidad para metabolizar el cerebrósido sulfato. En la mayoría de los casos la deficiencia enzimática es de arilsulfatasa A.

Existen tres formas de la enfermedad: infantil tardía, juvenil y adulta.

La forma infantil de LDM tiene una prevalencia estimada de 1 en 40 000. En la forma Infantil tardía de LDM los síntomas comienzan, en general, entre los 10 y los 25 meses de edad. Los familiares empiezan a observar irritabilidad y una cierta dificultad motora que, en los niños que ya caminan, se puede manifestar por falta de coordinación y falta de equilibrio. Con la evolución del cuadro comienza a manifestarse un endurecimiento de los miembros inferiores con la desaparición de los reflejos.

La regresión intelectual ocurre, generalmente, en fases más avanzadas de la enfermedad. Podrá aparecer también estrabismo y compromiso visual. El curso de la molestia es progresivo y ocurre la muerte, en general, de uno a cuatro años después del inicio del cuadro. El análisis del líquido céfalo-raquídeo de esos pacientes revela, generalmente, un aumento en la tasa de proteínas, y el estudio de los nervios periféricos revela una acentuada disminución en la velocidad de conducción de los estímulos motores y sensitivos.

La forma Juvenil comienza entre los 4 y los 10 años de edad. Los síntomas iniciales pueden ser regresión intelectual y trastornos del comportamiento. En otros casos, el cuadro comienza con síntomas de disfunción motora. En la forma adulta, el inicio se da alrededor de los 15 años de edad, aunque a menudo no hay un diagnóstico hasta la edad adulta. Los signos clínicos incluyen tanto los trastornos motores como los psiquiátricos, aunque con una progresión lenta.

En todas las formas de la enfermedad la Tomografía Axial Computada y la Resonancia Magnética Nuclear del encéfalo mostrarán alteraciones localizadas, principalmente en la sustancia blanca, próxima a los ventrículos cerebrales.

La confirmación del diagnóstico deberá hacerse midiendo el nivel de actividad de la enzima arilsulfatasa A, que estará ausente, en general, en la forma infantil y se situará en niveles entre 10 y 20% en la forma juvenil.

La evaluación del nivel de actividad de la arilsulfatasa A puede servir para la identificación de portadores del defecto enzimático, así como para el diagnóstico intrauterino.